Cultivar la duda, manejar la conspiración y filtrar la información

¿Sabías que el sol se pone por el sur, pese a que hayas escuchado incontables veces que se pone por el oeste? Vivimos el momento de mayor saturación de información de la historia. No solo de los medios que viven de ello, sino de personas como tú y como yo que han logrado hacer escuchar su voz, como ahora, para lo bueno y para lo menos bueno. Además de ello, tampoco ayuda el contexto social, geopolítico y tecnológico que vive una profunda transformación y nos pilla a nosotros en el mismísimo ojo del huracán viendo como todo gira alrededor nuestra a la velocidad de la luz.

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Mientras tanto, los cerebros, diseñados para proteger, sostener y preservar el sistema que gobiernan, tienen la inabarcable tarea de elegir, aglutinar y comparar toneladas de información de cara a tomar decisiones, más o menos conscientes, con la finalidad de mantener a la persona en unos márgenes razonables de seguridad y perpetuidad hasta que caduque la funda.

Voy a dar por hecho que si estás accediendo a estas líneas, tienes, cuanto menos, consciencia de lo que está sucediendo y que con más o menos acierto logras mantener tu barco a flote de la corriente zombie que ya ha sido arrastrada y vendida por algún tipo de discurso, sea este cientifista, catastrofista, sanitario, climático o vaya usted a saber…

La propuesta de hoy, como adelanta el titular de esta entrada, es una invitación a cultivar la duda. Tómalo como un medio de supervivencia de la razón y de la integridad personal ante los intereses, normalmente económicos, de aquellos que bombardean a ráfagas la información sobre tus medios de consumo.

El arte de dudar

La duda, el filtro de la duda por encima de cualquier información, es la postura intelectual que nos lleva a cuestionar, investigar y poner a prueba las afirmaciones que se nos presentan antes de aceptarlas como verdaderas o vender nuestra ignorancia al mejor postor. En lugar de aceptar las propuestas sin cuestionarlas, la duda nos anima a buscar evidencias sólidas y a aplicar un pensamiento crítico para llegar a algún tipo de conclusión.

Y no, ya no vale con que la eminencia de turno abra la boca y diga que viene el lobo. Hoy en día ya no vale. Hay tantísimos intereses creados, manipulados y tergiversados para alimentar los bolsillos de aquellos que vendieron su alma por aumentar los dígitos de su cuenta, que ya no podemos entregar nuestra ignorancia a cualquiera. Nos toca hacer los deberes a nosotros, ya no podemos seguir copiando los apuntes del compañero de al lado, porque no conocemos sus intereses y mucho menos si llevan batas blancas, corbatas negras o se sientan en sillones de cuero en el último piso de un gran edificio.

En este punto es importante traer sobre la mesa la conspiración y la infinidad de teorías que nos sobrevuelan cada día. Mientras que la duda busca una evaluación crítica basada en pruebas y hechos, las conspiraciones suelen ser construcciones especulativas, a priori, sin una base empírica sólida. La duda nos ayuda a mantenernos abiertos a nuevas evidencias y perspectivas, mientras la conspiración tiende a aferrarse a creencias rígidas y rechaza cualquier información que no se ajuste a la narrativa preestablecida.

¿Significa esto que hay que desterrar las teorías de la conspiración? Para mí no, mientras no se demuestre su falsedad, el interés de quienes las promueven o la ineficacia de darlas como válidas. ¿Entonces que hacemos hasta entonces? Pues seguir dudando. Lo fácil es comprar argumentos que se alineen con nuestro sistema de creencias, buscar la sombra del árbol que mejor cobija o arrimarse a las ascuas que mejor nos calientan, pero lo fácil no suele albergar algún tipo de verdad.

Un viaje del que no volverás igual que saliste

«Misión Amarte» pone patas arriba tus sistemas de creencias.

Un viaje del que no volverás igual que saliste

«Misión Amarte» pone patas arriba tus sistemas de creencias.

Sin duda alguna, lo fácil nos coloca en la posición que hablábamos al comienzo: la de un cerebro deseoso de encontrar equilibrio, deseoso de mantener el “statu quo” encargado de comprar cualquier opción que garantice la supervivencia del sistema. Incluso si lo que acepta como seguro, válido y equilibrado finalmente es una gran mentira. Todo ello con tal de permanecer el menor tiempo posible habitando la incertidumbre que ofrece la duda.

Como te decía al comienzo de esta entrada, el sol se pone por el sur. Y es esta una verdad que no se alinea con tu sistema de creencias. Seguramente se ha producido un rechazo de base a mi afirmación. Es tu cerebro intentando protegerte del cambio. Un cambio, como todos, que alerta al sistema porque supondrá entrar en gasto energético. De modo que mejor no sostener la duda, rechazar la propuesta y mantenernos rígidos donde siempre o bien, abrir la duda, sostenerla, investigarla y valorar si hay algo de verdad en ella hasta dar con alguna evidencia válida sin entregar nuestro criterio a ninguna bata ni ninguna corbata. Vamos! hacer nosotros los deberes o seguir sosteniendo la duda.

En el polo norte el sol se pone por el sur y en el polo sur el sol se pone por el norte una vez al año por la inclinación del plano del ecuador con respecto a la eclíptica. Y seguramente que desde donde estás leyendo estas líneas el Sol se pone por el oeste. Aunque si te paras a pensarlo, ¿has estado en alguno de los polos para poder afirmarlo? Incluso así, ¿crees que la información que te proporcionan tus sentidos es real o son una suma de impulsos eléctricos recogidos en tu cerebro, a los cuales les das una interpretación?

Con o sin respuestas, te animo a sostener y entrenar el arte de la duda para ir despertando, cada vez más, tu maestría interior.

10 invitaciones para dudar

1. Promueve el pensamiento crítico.
2. Fomenta la curiosidad.
3. Ayuda a evitar la manipulación.
4. Fomenta el diálogo.
5. Promueve la resolución creativa de problemas.

6. Ayuda a construir confianza sobre nuestra flexibilidad.
7. Fomenta la empatía.
8. Promueve la tolerancia.
9. Estimula la innovación.
10. Mejora la toma de decisiones.

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_ La fotografía de portada es de OSMO con licencia CC y la música que acompaña el audio es de Andrea Musci con copyright de Artlist.