La realidad, tu realidad y la cruda realidad

Allá por el año 1990 se reunían en Madrid el director de la agencia americana de inteligencia y su homónimo español. Como era de esperar una reunión de ese calibre se realizó a puerta cerrada, pero tras la misma se concedió una entrevista conjunta a uno de los grandes periódicos de tirada nacional. De aquella amplia entrevista quedó grabada en mi mente, hasta el día de hoy, una de las más sinceras respuestas ofrecidas por estos altos cargos de los servicios de inteligencia. Una respuesta que marcaría para siempre mi forma de entender “la realidad”.

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La realidad

No es esta una publicación que busque ahondar en el sentido profundo de la realidad. No quiero enfocarme en los matices metafísicos de la unidad que todo lo permea y que cada elemento vital entreteje con un hondo sentido. No es esta una reflexión acerca de la no dualidad que se esconde bajo las aparentes formas de nuestras cotidianas superficies. En esta ocasión dejaré los pies en la tierra y la cabeza no muy lejos de los mismos.

Coincidirás conmigo en que la era de la información se nos fue de las manos. Hoy día todos somos fuente y consumo de información al mismo tiempo, de modo que es complejo dilucidar con sabiduría lo cierto de lo falseado, lo auténtico de lo inventado y lo veraz de lo falaz. Y es que la información discurre por canales corruptos. Y no hablo de los medios de comunicación que es más que obvia su generalizada corrupción, sálvese quien pueda, hablo del ser humano, que por el hecho de ser y además ostentar la categoría humana ya lo hace un canal naturalmente corruptible.

Y es la escasez de sabiduría, la falta del pensamiento crítico y una enorme carencia de responsabilidad lo que hace que el ciudadano medio confíe su vida a papá gobierno como quien entrega un edredón en verano a la tintorería: sin mucha preocupación, con total confianza y un absoluto abandono hasta que aparezca el invierno de nuevo.

De modo que la realidad de este pobre ciudadano se manifiesta en todas aquellas páginas que engrosan las fantasías de los periódicos, en las cartas marcadas que reparten los crupieres de la televisión, en el cacareo de los influencer de turno, o peor aún, una realidad apoyada en la máxima de que si mucha gente come mierda, la mierda debe ser un buen alimento; lo que en psicología se conoce como prueba social, o dicho de otro modo, si mucha gente piensa que algo es de determinado modo, entonces realmente debe de ser así.

Y esto es lo que está terminando de triturar el poco seso que queda vivo en gran parte de la población mundial: la capacidad de asumir la propia responsabilidad vital para cuestionar, enfrentar y confrontar la aparente realidad.

Ahora tu realidad

Y es que asumir responsabilidades, pensar, cuestionar y dudar de cualesquiera de las afirmaciones que llegan a través de nuestros sentidos requiere un titánico esfuerzo, pide energía a raudales y tiene el enorme potencial de demostrarnos que estábamos equivocados, que todo aquello que creímos, que aquellos a quienes apoyamos, que las ideas que defendimos, que aquellos que parecían nobles en sus intenciones, no era todo sino una enorme pantomima que nos demuestra nuestro error.

Porque el error pertenece, sin duda alguna, a cada uno de nosotros. Por no dudar, por entregarnos ciegamente, por defender lo que no se puede contrastar y por andar con la cabeza gacha y la mirada perdida igual que camina el ganado hacia el matadero.

Por todo ello, el pensamiento crítico no es una invitación a lograr la última y gran verdad, sino el camino hacia el desarrollo de los procesos mentales necesarios que nos lleven a cuestionar nuestras convicciones y, más aún, aquellas que no proceden de nosotros, para elaborar desde ahí un diálogo que nos permita construir unas relaciones más claras, que nos ayude tomar decisiones más precisas, que nos saque de la mediocridad reinante y que nos dirija al desarrollo de sociedades más despiertas, más dialogantes, más conscientes y menos aborregadas.

Así que sí, se puede comprender que la mitad de un planeta, en ruina espiritual, decida dejarse arrastrar por la marea de “su realidad”, se duerma en la información que ahoga sus sentidos y camine ignorante a cavar su propia lecho de ignorancia cada vez que no cuestiona, duda o, en el mejor de los casos, piensa por sí misma.

Sí, se puede comprender, pero es inaceptable.

«Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho»

Isaac Asimov

Y, finalmente, la cruda realidad

Los dos máximos responsables de las agencias de inteligencia de Estados Unidos y de España, la CIA el CSID por aquel entonces dialogaban entorno a unos cafés en la cafetería de aquel hotel de cinco estrellas de Madrid. El periodista, entre sorbo y sorbo, dejó caer sobre la mesa, entre otras tantas, la que para mí fue la gran cuestión: —“entonces, sean sinceros por favor, ¿qué opinan ustedes de todas las noticias que aparecen cada día a través de los periódicos, televisiones y medios de comunicación de sus respectivos países?”—.

Los dos entrevistados intercambiaron las miradas en un forzado silencio pero ninguno de ellos pudo contener las risas. Del periodista te puedes imaginar su cara, ojiplático y enmudecido, esperando que alguno de ellos tuviera el valor de abrir la boca más que para hacer sonar sus maquiavélicas risas.

Finalmente y en un alarde de sinceridad que pocas veces he visto en un servicio de inteligencia, ambos afirmaron que la realidad que los ciudadanos leen, escuchan o ven a través de los medios de comunicación poco tiene que ver con la verdadera realidad de los acontecimientos que ciertamente se están produciendo. —“Compréndalo, si los gobiernos facilitaran la información, tal cual es, la mayor parte de la población no podría soportarla”— dijo el dirigente de la CIA.

A mis quince años, de aquellos años 90, no necesité leer más. Estaba todo dicho.

De hecho no volví a abrir un periódico, no volví a consumir ni una sola noticia, no volví a dar por cierto nada que yo no pudiera, de un modo u otro, comprobar. Sí, me volví un gran escéptico, pero lejos de los males que puedas imaginar que me asediaron esto no hizo otra cosa que alimentar mi espíritu de duda, de cuestionarlo todo, de acentuar mi pensamiento crítico y, sin duda alguna, de volverme mucho más prudente a la hora de dar por válida cualquier propuesta que proceda de personas y organizaciones cuyo único y demostrado interés es el económico.

También es cierto que desde entonces comencé a consumir “la otra realidad”: desplazada en el tiempo, caducada y prácticamente inservible tácticamente pero absolutamente enriquecedora estratégicamente para desentrañar, comprender y conocer cómo se tejen los hilos invisibles de lo que he llamado la otra realidad: aquella que nunca debería llegar naturalmente a tus sentidos.

La verdad es que esta información desclasificada, filtrada y confesada por sus propios actores quizá no te ayude en el corto plazo, pero en el largo plazo, créeme que comienzas a desarrollar un profundo sentido intuitivo que afina tu olfato para lograr ver esos mecanismos invisibles que delatan las oscuras estrategias y te permiten apartarte del anestesiado rebaño.

Te dejo a continuación unas pocas referencias bibliográficas y videográficas por si deseas comenzar a abrir tus ojos a esta otra realidad, la cruda, aquella que no va edulcorada, ultraprocesada, ni manipulada, de modo que te permita desarrollar, cuanto menos, un espíritu crítico y desconfiado hacia los que, desde arriba, ostentan aparentes buenas intenciones sobre ti y tu futuro. Por que si algo es cierto, y estamos cansados de comprobar, es que la historia se alimenta de si misma en una espiral de mentira, manipulación y corrupción. Solo hay que echar la vista atrás sobre la realidad cruda para poder ver el futuro que se avecina.

Unas pocas referencias:

Libro
«Yo confieso: 45 años de espía»
Leer sinopsis aquí

Libro
«La gran manipulación: Cómo la desinformación convirtió a España en el paraíso del coronavirus»
Leer sinopsis aquí

Libro
«Vigilancia permanente»
Leer sinopsis aquí

Documental
«El gran hackeo»
Disponible en Netflix

Documental
«Sapo S.A. Memorias de un ladrón»
Disponible en Prime Video

Documental
«Citizenfour»
Creo que ya no está en plataformas de pago, pero puedes encontrarlo en youtube.

Unas pocas referencias:

Libro
«Yo confieso: 45 años de espía»
Leer sinopsis aquí

Libro
«La gran manipulación: Cómo la desinformación convirtió a España en el paraíso del coronavirus»
Leer sinopsis aquí

Libro
«Vigilancia permanente»
Leer sinopsis aquí

Documental
«Sapo S.A. Memorias de un ladrón»
Disponible en Prime Video

Documental
«El gran hackeo»
Disponible en Netflix

Documental
«Citizenfour»
Creo que ya no está en plataformas de pago, pero puedes encontrarlo en youtube.

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_ La fotografía es de Nijwam Swargiary con licencia cc
_ Hemeroteca de la noticia: https://elpais.com/diario/2006/09/10/domingo/1157860358_740215.html